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Profesionales v/s Padres: Obstáculos para la Colaboración Efectiva

Por Lorena Díaz Puratic, M. Ed.

 

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La investigación señala que el mejoramiento de los resultados de los estudiantes es uno de los mayores beneficios del trabajo en equipo de familias y profesionales de la educación/salud. De la misma manera, la literatura y la experiencia personal apunta a la falta de colaboración, coordinación e información entre las partes (familias y profesionales), como uno de los mayores obstáculos para una colaboración efectiva. Si bien, estos principios son de absoluta relevancia en la discusión de todo proceso educativo, su importancia se ve elevada exponencialmente cuando los educandos pertenecen a poblaciones excepcionales.

La percepción de los padres es la de recibir servicios (los que se declaran afortunados de recibirlos) en forma fragmentada, y manifiestan tener que “contar la historia” una y otra vez, a múltiples profesionales en múltiples ocasiones. Esto levanta la necesidad de los profesionales de mejorar sus habilidades de trabajar en equipo, compartir información acerca de sus estudiantes, pacientes o clientes, tomando las medidas respectivas para salvaguardar la confidencialidad de sus datos. El sentimiento de los padres es que a los profesionales no les interesa demasiado la situación que su hijo o hija atraviesa, reduce su motivación para colaborar, lo que comprende una disminución de oportunidades que los estudiantes con necesidades educativas especiales tienen para superar obstáculos en el proceso de aprendizaje y alcanzar los sentimientos de satisfacción que con él viene.

En este sentido, cuando se les pide a los padres o familia, que se involucren en las actividades del colegio, pero sin brindarle una definición específica de lo que significa “involucrarse”, los padres, al igual que los hijos, a menudo no participarán en nada, minimizando cualquier posibilidad de aprendizaje significativo para sus hijos. La participación de la familia en el colegio alcanzará su máximo potencial, sólo cuando los profesionales provean a los padres de expectativas claras para el trabajo en la sala de clases, tópicos a tratar, cambios en la rutina de los estudiantes, e información de las metodologías que están siendo aplicadas, de manera que el estudiante tenga reglas consistentes para seguir en casa y en el colegio.

Un aspecto importantísimo de esta colaboración entre la familia y los profesionales, está dado la comunicación oportuna y recíproca entre las partes (Turnbull, et.al., 2015). Lo último se alinea con otro principio fundamental de la colaboración efectiva: respetar la experiencia de los padres. Como educadores, debemos dar a los padres las herramientas necesarias y animarlos a hacer ejercicio de su derecho a participar en la educación de sus hijos, y ser colaboradores valorados por la comunidad educativa en el proceso.

La comunicación oportuna entre familia y los profesionales es también esencial cuando se trata de asignación de deberes escolares o tareas. Estas últimas, pueden ser una estrategia importante para alcanzar el objetivo del involucramiento de la familia, especialmente para los estudiantes con algún tipo de discapacidad. Sin embargo, cuando una tarea es asignada sin ningún tipo de directriz en cuanto a metodología de trabajo para estudiantes y padres, las posibilidades de que una tarea sea completada con éxito declinarán, junto con la motivación de los estudiantes y padres. En este mismo sentido, cuando la calificación es sobre valorada y se torna más importante que el feedback, los objetivos principales de la tarea no serán alcanzados.

En modo general, las prácticas educativas en Chile fallan en todos los parámetros previamente discutidos. El involucramiento de los padres no es animado, sino que muchas veces también es no deseado. Los profesionales en los colegios raramente colaboran, algunas veces por opción personal, otras por exceso de trabajo. Los administrativos hacen poco o nada para promover la colaboración. La relación educador-familia está obstaculizada por las percepciones de los padres de que a los profesionales no les interesa realmente el progreso del estudiante, ni la igualdad de oportunidades a la que tiene derecho a pesar de las dificultades que pueda presentar.  A su vez, los profesores sienten que no han sido entrenados para servir estudiantes con discapacidad, a sus padres, o a sus colegas de otras áreas. Esto crea la imagen de un profesional que está dispuesto sólo a trabajar con niños/estudiantes, pero no con otros adultos.

 

Bibliografía

Turnbull A., Turnbull H. R., Erwin, E., Soodak, L, &. Shrogren, K. (2015)

Families, Professionals, and Exceptionality: Positive Outcomes Through Partnerships and Trust. 7th. Edition. Pearson Education, Inc. Upper Saddle River. NJ.

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Trabajo colaborativo efectivo en las Comunidades Educativas

trabajo-en-equipo155Muchas de las dificultades a las que se ven enfrentados los estudiantes con necesidades educativas especiales se deben a que tanto el profesorado como las familias, por diversos factores, han sido incapaces de desarrollar una mística de trabajo en equipo, donde todas las miradas que se tienen sobre los estudiantes, sean escuchadas, valoradas y reflejadas en la elaboración de un Plan Individual de Educación, que tenga siempre en vista, el bien superior del educando.

Dettmer, Knackendoffel y Thurston (2013) en su libro “Collaboration, Consultation, and Teamwork for Students with Special Needs” entregan algo de historia de la Educación Especial, enfatizando que el éxito no puede ser alcanzado trabajando en islas o en un ambiente segregado. Los roles de estudiantes y profesores son intercambiables, siempre presente en cualquier proceso educativo, es aun más evidente en el contexto de las necesidades educativas especiales. Los profesores de Educación General y Diferencial deben aprender del currículo de la otra especialidad, de manera que las aulas comunes sean la primera intervención con que se trate con las poblaciones excepcionales.

Como Profesora de un país en desarrollo, he observado que los enfoques colaborativos son la excepción más que la regla. Creo que se debe a las mismas razones expuestas por Dettmer et. al.: el miedo a mostrar inseguridad y no usar el tiempo de manera productiva, inhibiendo así las oportunidades de aprender de los pares. El enfoque “insular” resultante se torna difícil de romper, con nefastos resultados para los estudiantes.

Definir claramente lo que es la consultoría colaborativa educacional y lo que no es, resulta de vital importancia en un país como Chile. Como profesores, nos encontramos a menudo con “el experto” que nos dice lo que estamos haciendo incorrectamente y cómo deberíamos implementar un determinada técnica o procedimiento. Para ser realmente efectivos como consultores en equipos colaborativos, necesitamos una cierta técnica o procedimiento. Para ser consultores realmente efectivos en equipos colaborativos, es menester construir rapport y una buena relación con nuestros pares, para permitir que un real aprendizaje tome lugar tanto para estudiantes como para los profesores.

Analizando las experiencias de equipos de trabajo pedagógico en diferentes comunidades educativas, me ha permitido establecer que mejorar nuestra práctica como docentes, consultores y colaboradores es posible, sólo si nos basamos en un estricto proceso de reflexión sistemática, que contenga un análisis objetivo de datos medibles. Combinar estos aspectos con relaciones constructivas entre los pares, estudiantes y sus familias, promoverá el approach que necesitamos en nuestras escuelas.